Diferencias fisiológicas hombre / mujer

Las diferencias fisiológicas entre el hombre y la mujer están condicionadas por el aparato reproductor y por el hecho de la maternidad femenina. La maduración de la niña es más temprana en la edad que la del niño, en función de la menstruación; frena el desarrollo en estatura y trae como consecuencia que el niño sea más alto que la niña, en proporciones mayores en términos generales.
Las diferencias de desarrollo entre el niño y la niña se acusan en la región del tronco con el incremento de volumen del pecho de la mujer; así mismo siendo más estrechos el tórax y la cintura escapular y el hueso del esternón más bajo que el de los chicos. 
Las diferencias sexuales más evidentes están reflejadas por los cambios y medidas del cuerpo. Las diferencias esenciales en medida y proporción, entre la mujer y hombre adulto, son el resultado del momento de crecimiento adolescente. El que en el hombre este sea más tardío y prolongado le proporciona huesos más largos, un cuerpo de medidas mayores y un aumento de estatura.

 

 
 



La fuerza y resistencia de los niños y las niñas aumenta con el desarrollo de huesos y músculos. Generalmente el máximo de fuerza se da alrededor de un año después de haber alcanzado el máximo de estatura. 
Esta fuerza superior de los niños y los hombres es también el resultado de una mayor amplitud de hombros, que representa una característica notable del dimorfismo sexual masculino; así como la pelvis ancha es una característica del sexo femenino. 
En general, las diferencias entre los sexos en el esqueleto son las siguientes: Todas las prominencias del cráneo masculino son más angulares y cercanas a los noventa grados que las del cráneo femenino, con la excepción de las prominencias temporales, los pómulos. El tronco masculino muestra un tórax más ancho y más largo. El cuello del hombre resulta más corto debido a la posición más eleva da del manubrio en relación con la vértebra prominente. La pelvis femenina es más ancha y más espaciosa. El sacro está mucho más cerca de la horizontal y el ángulo sacro-lumbar es mucho más pequeño en la mujer que en el hombre; esto le da una apariencia más mesomórfíca al nivel de la pelvis vista de perfil, el área del íleon es menor, pero el arco pélvico está situado más abajo en la mujer y es más ancho; la anchura mayor de la base de la pelvis femenina representa que la relación púbico-femoral se asemeje a un triángulo equilátero. 

 

 
 

varón
hembra
La figura femenina tiene menos músculo y más grasa, que se asienta preferentemente en nalgas, vientre, pecho y parte interna de los muslos, 
Todas estas diferencias fisiológicas, tan notables, entre los sexos masculino y femenino están, como hemos dicho, determinadas por las funciones distintas que unos y otros tienen en la reproducción. 
En cuanto a las diferencias intelectuales que se dan en la realidad entre hombres y mujeres no vienen determinadas por las funciones distintas de paternidad y maternidad, que no requieren grados distintos ni diferentes de inteligencia, sino de la educación que uno y otro sexo han recibido. En descargo de esta aberración educacional, que se ha mantenido históricamente en casi todos los períodos de la civilización, debemos decir que la circunstancia de embarazo, parto y lactancia, con los avances médicos, clínicos y de calidad de vida, ha pasado de ser algo traumático a ser normal en la vida de la mujer, sin graves riesgos ni limitaciones salvo en los casos extremos. 
Si bien las perspectivas de futuro, incluso en el futuro inmediato, son muy positivas, somos conscientes de que en la actualidad de este trabajo las diferencias en nuestra sociedad son todavía evidentes entre el hombre y la mujer. 
El sistema educativo parece empujar de modo diferente a hombres y mujeres hacia distintas elecciones profesionales, de manera que las estudiantes eligen, en una proporción muy inferior a sus compañeros varones, las carreras científicas y tecnológicas. Pero, aparte de esta diferenciación, en el interior de los procesos educativos se produce a menudo una implícita confirmación de los roles tradicionales del hombre y de la mujer, con la consiguiente discriminación en perjuicio de las mujeres. 
Fundamentos del interés de este trabajo
Con todo lo que precede, nos interesa dejar claros los siguientes extremos. Primero, que las diferencias fisiológicas entre el hombre y la mujer están en función de su diferente cometido en la reproducción; por tanto son naturales; otras diferencias intelectuales son el producto de una discriminación en la educación únicamente y por tanto son artificiales y susceptibles de ser cambiadas. 
Todo lo que contribuya a cambiar esta orientación en la educación de los niños y niñas será positivo para que la mujer afronte, de una forma nueva, la circunstancia de su gestación y su maternidad, llegando a conseguir que ello sea un hecho social nada excluyente. 
Se han dado cronológicamente una serie de factores que han condicionado la vestimenta femenina durante la gestación, con independencia, claro está, de los cambios que la gestación produce en el propio cuerpo de la mujer. Estos cambios en la corporalidad del embarazo los estudiaremos más adelante. En la cronología de estos factores vamos a limitar el estudio a un período relativamente breve, para acercarnos a la actualidad, que es la que más nos interesa. Lo vamos a estructurar así:
1. Movimiento poblacional del campo a  la ciudad 
2. Disminución del servicio domestico. 
3. Incorporación progresiva de la mujer a los trabajos
4. Desarrollo de la sociedad de consumo. Incremento del consumo de moda. Aparición de la moda pre-mamá
Movimiento poblacional de campo a la ciudad
Durante los primeros 70 años de este siglo la población rural española permaneció estacionaria en torno a los 4 - 5 millones, mientras que la población total prácticamente se duplicó. La sola constatación de este hecho es suficiente para darse una idea del cambio social que esto supone. Los sociólogos han mostrado tal interés por el hecho migratorio del campo a la ciudad que lo catalogan como una etapa en sí mismo de cambio social, no sólo existe una sociedad diferente antes de la emigración y otra después, existe otra y con caracteres muy peculiares, que se da justamente durante los años 60 cuando las gentes campesinas dejan sus pueblos y crean los arrabales modernos en las ciudades, en las grandes ciudades sobre todo. 
A pesar del entusiasmo con que los sociólogos han estudiado este fenómeno, todavía falta verlo en su conjunto para darse cuenta de la enorme transformación que supuso. Hay que tener en cuenta que en este país esos años coincidieron con la guerra de Vietnam y con el mayo francés, con acontecimientos que resultaban anacrónicos para España y que, sin embargo, eran contemporáneos a otros nuestros como los planes de desarrollo del general Franco y al lleno masivo en las universidades. El primer anacronismo se daba porque este país no había pasado por la Segunda Guerra Mundial y porque el cambio poblacional a que aludimos ya se había dado en Europa muchos años antes. Mientras que en el 60 la población rural en España era al 19 %, en Francia y Alemania había quedado ya muy próxima al 10%. 
Más que sociólogos, quizás sean estudiosos de otros temas, como, por ejemplo, los de la música pop-rock, quienes vean el fenómeno migratorio como algo más complejo que un cambio económico e industrial. Mirado desde lejos, desde un imaginario punto de vista muy alto, se vería cómo esos grandes núcleos urbanos ejercen un cierto magnetismo sobre los campesinos jóvenes y adultos; los atraen en masa hacia sí. ¿ La producción masiva de comunicación tuvo la culpa? ¿ La difusión de una inquietud cultural generalizada?
Imaginen por un momento aquellas mujeres campesinas que llegaban a la ciudad desde los sobrios pueblos de todas las regiones del país; allí habían vivido junto a sus mayores, atareados todos en una faena común, la labranza y la cría de animales domésticos. Cada hijo que nacía en la antigua familia rural era criado a la vez por tres generaciones en una sola: los hermanos, los padres y los abuelos en la misma casa; era bien difícil distinguir quién era la madre porque la madre y 1a abuela vestían las mismas sayas. Y no sólo esto, sino que la madre más reciente quizás ni siquiera necesitó transformar su vestimenta durante la gestación. 
Cuando esa mujer rural ya es urbana y vuelve a ser madre lo será de una forma diferente. En primer lugar habrá cambiado la ropa oscura y resistente del trabajo en el campo por otra más liviana, más variada de color y seguramente más barata. Pero, sobre todo, va a ser madre ella sola, porque los abuelos han quedado en el pueblo. Esta es, con seguridad, la primera vez que la mujer ciudadana nueva se centra en ser madre; a esto hay que añadir el interés que la mujer pone en diferenciar su nueva forma de vida de la anterior. 
Llamamos la atención sobre esta circunstancia porque se trata del momento en que el embarazo se delimita y se contestualiza como hecho diferenciado de los demás dentro de la vida familiar.

 
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