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Factores de tipo social que han condicionado
la vestimenta femenina durante la gestación
Lo vamos a estructurar así:
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Movimiento poblacional del campo
a la ciudad
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Disminución del servicio domestico
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Incorporación progresiva de
la mujer al mercado laboral
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Desarrollo de la sociedad de consumo;
Incremento del consumo de moda; Aparición de la moda pre-mamá
Movimiento poblacional de campo a
la ciudad
Durante los primeros 70
años de este siglo la población rural española permaneció
estacionaria en torno a los 4 - 5 millones, mientras que la población
total prácticamente se duplicó. La sola constatación
de este hecho es suficiente para darse una idea del cambio social que esto
supone. Los sociólogos han mostrado tal interés por el hecho
migratorio del campo a la ciudad que lo catalogan como una etapa en sí
mismo de cambio social, no sólo existe una sociedad diferente antes
de la emigración y otra después, existe otra y con caracteres
muy peculiares, que se da justamente durante los años 60 cuando
las gentes campesinas dejan sus pueblos y crean los arrabales modernos
en las ciudades, en las grandes ciudades sobre todo.
A pesar del entusiasmo con que los sociólogos
han estudiado este fenómeno, todavía falta verlo en su conjunto
para darse cuenta de la enorme transformación que supuso. Hay que
tener en cuenta que en este país esos años coincidieron con
la guerra de Vietnam y con el mayo francés, con acontecimientos
que resultaban anacrónicos para España y que, sin embargo,
eran contemporáneos a otros nuestros como los planes de desarrollo
del general Franco y al lleno masivo en las universidades. El primer anacronismo
se daba porque este país no había pasado por la Segunda Guerra
Mundial y porque el cambio poblacional a que aludimos ya se había
dado en Europa muchos años antes. Mientras que en el 60 la población
rural en España era al 19 %, en Francia y Alemania había
quedado ya muy próxima al 10%.
Más que sociólogos, quizás
sean estudiosos de otros temas, como, por ejemplo, los de la música
pop-rock, quienes vean el fenómeno migratorio como algo más
complejo que un cambio económico e industrial. Mirado desde lejos,
desde un imaginario punto de vista muy alto, se vería cómo
esos grandes núcleos urbanos ejercen un cierto magnetismo sobre
los campesinos jóvenes y adultos; los atraen en masa hacia sí.
¿ La producción masiva de comunicación tuvo la culpa?
¿ La difusión de una inquietud cultural generalizada?
Imaginen por un momento aquellas mujeres
campesinas que llegaban a la ciudad desde los sobrios pueblos de todas
las regiones del país; allí habían vivido junto a
sus mayores, atareados todos en una faena común, la labranza y la
cría de animales domésticos. Cada hijo que nacía en
la antigua familia rural era criado a la vez por tres generaciones en una
sola: los hermanos, los padres y los abuelos en la misma casa; era bien
difícil distinguir quién era la madre porque la madre y 1a
abuela vestían las mismas sayas. Y no sólo esto, sino que
la madre más reciente quizás ni siquiera necesitó
transformar su vestimenta durante la gestación.
Cuando esa mujer rural ya es urbana
y vuelve a ser madre lo será de una forma diferente. En primer lugar
habrá cambiado la ropa oscura y resistente del trabajo en el campo
por otra más liviana, más variada de color y seguramente
más barata. Pero, sobre todo, va a ser madre ella sola, porque los
abuelos han quedado en el pueblo. Esta es, con seguridad, la primera vez
que la mujer ciudadana nueva se centra en ser madre; a esto hay que añadir
el interés que la mujer pone en diferenciar su nueva forma de vida
de la anterior. Llamamos la atención sobre esta circunstancia porque
se trata del momento en que el embarazo se delimita y se contestualiza
como hecho diferenciado de los demás dentro de la vida familiar.
La disminución en el servicio
doméstico
Una salvedad en el fenómeno
migratorio del punto anterior, tal como nosotros lo hemos estudiado, es
la que se refiere a las jóvenes –y no tan jóvenes– campesinas
que se introdujeron en la vida urbana a través del empleo como sirvientes
de las familias de la alta burguesía. Esta corriente de mano de
obra femenina comienza mucho antes de lo que hemos llamado la emigración
rural y tiene otras características; sobre todo la emigración
rural masiva es familiar, mientras que las chicas de servir es una emigración
individual.
La revolución industrial en España,
la comparable a la inglesa y del resto de Europa, es tardía y cabalga
sobre el final del siglo XIX y principios del XX. Es con esta primera industrialización
con lo que se nutre y amplía la burguesía española
y es esta familia burguesa la que emplea abundante mano de obra en el hogar.
La burguesía ciudadana se encuentra
desde entonces, y por un largo período, con una pléyade de
sirvientes que se caracterizaron tanto por su incultura como por su bajo
costo.
Esta ama de casa con sirvientes puede
durante su embarazo no mostrarse en público y, por tanto, el traje
de embarazada no resultaba esencial, puesto que el servicio se ocupa de
toda la intendencia hogareña. Y en cuanto a la función representativa
no era el momento más idóneo para ejercerla.
Según un estudio publicado por
el Instituto de la Mujer, en el año 1950 el servicio doméstico
agrupa a casi medio millón de empleadas. Al final de los 60 este
empleo empieza a decaer y en dos encuestas, 68 y 69 (misma fuente: Instituto
de la Mujer), el promedio de hogares con servicio doméstico es del
10%, pero en la mitad de los casos se trata de asistentas por horas, y
en la cuarta parte de asistentas por días completos.
Con la proliferación de industrias
necesitadas de una mano de obra poco cualificada y, siendo el salario femenino
más bajo, se creó una oferta de empleo más amplia
y abundante; y las mujeres que antes habían optado por el servicio
doméstico se desplazaron hacia estos empleos, que ofrecían
mejores salarios y más independencia.
El servicio doméstico empieza
a quedar reservado para una elite social que lo puede pagar. La mayoría
de las amas de casa acomodadas tienen que afrontar por ellas mismas las
tareas del hogar. En esta nueva situación, la mujer de clase media
y media alta se ve obligada a salir fuera de su casa incluso durante el
embarazo; necesita vestir su embarazo.
Al encarecimiento de la mano de obra
en el hogar viene unida la invasión precoz del electrodoméstico.
Con esta ayuda, el ama de casa no solamente puede sustituir a una empleada
sino que desaparecen del hogar les trabajos sucios o duros; la cocina de
gas y la eléctrica desplaza a la cocina de leña y de carbón;
la lavadora suprime el laborioso lavado a mano, trabajoso, largo y sucio.
La mujer empieza a poder vestir mejor en casa aunque trabaje, aunque haga
las labores que antes le hacían otras manos.
Tenemos pues a la madre de la clase
social acomodada que no solamente sale a la calle embarazada sino que además
en su propia casa, mientras trabaja, puede mantener su aspecto externo
más cuidado.
Incorporación progresiva de
la mujer al mercado laboral
A causa de la guerra civil, en España
la población masculina era bastante inferior a la femenina. Había
que hacer que ese excedente femenino pudiera tener una cierta independencia
económica mediante el trabajo, aunque en el momento de encontrar
marido muchas renunciaban a ese trabajo en favor de la familia. Un decreto
ley del Ministerio de Trabajo del 1262 dice así:
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No obstante en, defensa del hogar
familiar se concede a la mujer trabajadora, al contraer matrimonio, el
derecho a optar entre las siguientes situaciones: continuar en el trabajo,
rescindir contrato con percibo de las indemnizaciones que señalan
las disposiciones estatales, susceptibles de ser mejoradas en convenios
colectivos y reglamentos de régimen interior, o quedar en situación
de excedencia voluntaria por un período no superior a cinco años
ni inferior a uno.
-
Naturalmente nos estamos refiriendo
al medio urbano asentado como tal; pero se trata de una cuestión
importante porque ello da lugar al inicio de una profesionalización
peculiarmente femenina, según se ha venido entendiendo comúnmente
esto. Es una mano de obra medio cualificada y, por tanto, distinta de la
empleada en la producción industrial. Así nacieron las telefonistas,
enfermeras, azafatas, secretarias, y las numerosas dependientas vendedoras
en el comercio. No olvidemos que Pilar Primo de Rivera, Jefa de la Sección
Femenina, era enfermera.
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PARTICIPACIÓN
DE LAS MUJERES EN LA POBLACIÓN ACTIVA EN ESPAÑA, DE 1940
a 1971
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AÑO
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TASA DE PARTICIPACION
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1940
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8,3
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1950
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11,8
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1960
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13,5
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1964
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17,2
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1967
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17,6
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1971
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19,1
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Los cambios económicos y culturales
y el crecimiento de una sociedad industrial, hasta llegar a la sociedad
de consumo, van perfilando la amplitud del mercado de moda de gran producción
y crean el espacio para la introducción de un tipo de vestimenta
especial que la mujer, con el deseo de cuidar siempre su imagen, en cualquier
época de su vida, no sólo no la va a descartar sino que la
acepta de inmediato: la moda pre-mamá.
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Si no fuera porque este estudio sociológico
intenta llegar al perfil de quien será el cliente del diseño
de moda que proponemos, no insistiríamos más en la importancia
que tiene la plena integración de la mujer en la vida activa, en
todo e ámbito social, laboral, profesional y político. Hasta
tanto la mujer no alcance todos los niveles de participación en
la sociedad, siempre quedará en la moda un espacio por cubrir. Esta
integración será definitiva cuando la mujer haya accedido
a todas las profesiones en condiciones de cantidad y de calidad no inferiores
a las del hombre. Con la mujer definitivamente asentada en una profesión,
el embarazo no será una circunstancia excluyente.
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El análisis de la realidad
social permite prever, a corto y medio plazo, que la tasa de actividad
laboral de la mujer crecerá, puesto que:
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La tasa de actividad de la mujer
española es todavía una de las más bajas de los países
de la OCDE.
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Mientras que la tasa de actividad
masculina ha ido decreciendo durante los últimos años, la
tasa de actividad femenina ha ido aumentando.
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La crisis económica ha frenado
la actividad laboral de algunas mujeres, pero ha obligado a otras a trabajar,
al ser las únicas que podían aportar un salario a la familia.
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El aumento de número de divorcios,
la reducción de tamaño de la familia, el cambio de los valores
de la sociedad, son factores que favorecen la actividad laboral de la mujer.
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Por otra parte, así como en
el acceso al sistema educativo y en nivel de estudios a mujer se ha ido
igualando con el hombre, no ha sucedido lo mismo en el trabajo:
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La mujer sigue siendo mayoría
en cinco de las treinta y seis ramas de actividad que recoge la Encuesta
de Población Activa.
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Los oficios y profesiones siguen
segregados en masculinos y femeninos.
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Las mujeres ocupan categorías
con escasa cualificación, baja remuneración y poco prestigio
social.
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Hay pocas mujeres ocupando puestos
de responsabilidad, tanto en el sector público como en el privado.
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El paro incide en las mujeres –y
especialmente en las mujeres jóvenes– más que en los varones.
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Entre las causas que contribuyen
a que esta situación se mantenga se pueden señalar:
-
La responsabilidad casi exclusiva
de la mujer en el cuidado de la familia y de los hijos.
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El abandono del mercado de trabajo
en los años cruciales para la cualificación y promoción
profesional.
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La falta de seguridad y confianza
que a menudo tienen las mujeres en sus capacidades.
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Los prejuicios todavía existentes
sobre la incapacidad de las mujeres para realizar determinados tipos de
trabajo.
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Esta situación obliga a emprender
una política encaminada, no a conceder a la mujer privilegios especiales,
sino, simplemente, a prestar una atención adecuada y diferenciada
a cada uno de los diversos y distintos problemas que presenta la mano de
obra femenina.
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(Fuente: del PLAN DE IGUALDAD DE
OPORTUNIDADES DE LAS MUJERES, 1988 – 1990. Instituto de la Mujer, Madrid).
Moda y consumo / consumo de moda pre-mamá
La moda es un factor de regulación
de la sociedad; clasifica a los individuos y les añade una forma
más de expresión, tanto individual como de grupo.
Si, como venimos proponiendo, el
estado de gestación no es una circunstancia excluyente, la mujer
embarazada seguirá bajo el influjo de la moda, con todas las connotaciones
sicológicas y de comportamiento que la moda tiene. Porque llamamos
moda a la prenda fabricada para vestir en el cuerpo, a la modificación
del propio cuerpo y las modificaciones de la expresión personal.
No sólo las características definitorias de la moda son aplicables
a la mujer embarazada, sino que lo son, lo pueden ser, con una especial
intensidad.
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La necesidad de exhibición, la
competencia y la rivalidad
La mujer que ha seguido la moda
para estos fines no puede permitirse ningún abandono cuando su cuerpo
toma la forma del embarazo; antes al contrario deberá hacer un esfuerzo
más por mantener sus signos de identidad.
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La función de reconocimiento
y de diferenciación social
La vestimenta de embarazada no debe
rebajar su estátus social; e incluso debe remarcarlo, aprovechando
esa circunstancia.
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El factor lúdico de la moda
Puede darse durante la gestación
y la maternidad con fuerza aún mayor; con más imaginación,
tanto para disimular como para añadir cuanto de juego y de disfraz
significa el vestirse.
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La moda como hábito de consumo
La embarazada está tan inmersa
en el consumismo como la no embarazada. Y más todavía si
tenemos en cuenta la publicidad que la induce a consumos extras. Sería
poco menos que increíble que esa mujer no acepte como natural el
consumo más atractivo: el de la moda.
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