informe pisaSeguimos en la cola, según el último informe PISA. Los expertos ya lo sabían. Tenemos un índice de fracaso escolar que supera el 30 por ciento. De los últimos cuatro informes PISA, el menos malo fue el del año 2000, aunque estábamos por debajo de la media de calidad internacional. El del 2003 fue peor y el del 2006 profundizó la caída. Este de 2009, presentado ahora en todo el mundo, no llega a los niveles de 2000, pero es un poco menos malo que los dos últimos.

Puede que los intérpretes oficiales intenten levantar la cabeza y decir que hemos mejorado, pero mientras la sociedad en su conjunto, sin excepciones, no admita que el fracaso escolar es una garantía de fracaso económico y social a medio y largo plazo, no tendremos solución. Hemos perdido diez años, pero podemos perder muchos más a poco que los políticos se lo propongan.

El Informe PISA de este año ha medido el rendimiento de los estudiantes de 15 años, de Secundaria, en la adquisición de competencias básicas. Es decir, no estamos hablando de calidad, sino de supervivencia. Los estudiantes están por debajo de la media de la OCDE -la encuesta recoge los 34 países de la OCDE y otros 30 de Sudamérica y Asia fundamentalmente- en capacidad lectora, en Matemáticas y en Ciencias. En todos estamos por debajo de la media. Y este año el Informe ha analizado específicamente la competencia lectora en algo que nuestros adolescentes manejan todos los días a todas las horas: textos digitales en soporte informático y en Internet. La prueba medía la capacidad para obtener información, interpretarla y relacionarla con la experiencia y el entorno. ¿Matrícula de Honor? No, nuestros estudiantes quinceañeros no destacan en ninguna. Hay pocos estudiantes en los niveles más altos y todos comprenden mejor los textos continuos que los que son tipo esquema, listado, gráficos, es decir todo lo que necesita capacidad de comprensión y análisis. Un 20 por ciento de los 25.000 alumnos que han hecho la prueba están en niveles de competencia insuficientes.

El Informe recoge también el peso negativo del alumnado inmigrante en los resultados de comprensión lectora, pero aún excluyéndolos estaríamos por debajo de la media. No hay que buscar excusas sino soluciones. ¿Cómo podemos ser la octava o la décima potencia económica del mundo y estar educativamente por detrás de Portugal, Italia, Grecia y Eslovenia, por ejemplo? Sin una educación exigente y de calidad desde Infantil a la Universidad estamos condenados a ser un país de tercera. Es como hacerse trampas jugando al solitario.

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